Antes del Embarque: Introducción

Call of the Sea fue fundada en 1985 por Alan Olson y un grupo de navegantes locales con el propósito de brindar a los jóvenes del Área de la Bahía la oportunidad de navegar en embarcaciones de vela tradicional y aprender sobre el entorno marino, así como también, sobre la historia marítima, inspirándolos a convertirse en guardianes del medio ambiente.

Nuestra misión es ampliar el acceso al océano y profundizar en la comprensión de la conservación marina y del patrimonio náutico. Call of the Sea trabaja para empoderar a estudiantes de todas las edades y orígenes, ayudándolos a convertirse en guardianes del medio ambiente y a transformar su mundo mediante experiencias educativas, basadas en la ciencia a bordo de nuestros veleros tradicionales: el bergantín Matthew Turner y la goleta Seaward.

Palos, velas y aparejo

¡Mira hacia arriba! Observa el aparejo firme del Matthew Turner. Mientras estás aquí en el muelle, intenta seguir con la vista algunas de las líneas del aparejo.

Verás dos mástiles: el trinquete y el palo mayor. Cada mástil está estabilizado por el aparejo firme, compuesto por los estayes y los obenques. El aparejo firme no se ajusta mientras el barco navega a vela; su función es distribuir las cargas hacia la cubierta, ya que los mástiles soportan grandes fuerzas cuando las velas están desplegadas.

Las velas se izan, se arrían y se controlan mediante un conjunto de cabos llamados aparejos de labor. Estos cabos se ajustan continuamente durante la navegación para orientar las velas de la manera más eficiente según la dirección del viento. Este es el aspecto dinámico y activo de la navegación a vela.

El Matthew Turner lleva tanto velas triangulares de cuchillo (de proa a popa) como velas cuadras. La combinación de estas velas hizo un barco el cual fue uno de los más rápidos y eficientes de su época. Las velas cuadras proporcionan gran potencia cuando se navega con el viento en popa, mientras que las velas triangulares son más eficientes para navegar ceñido, es decir, en un ángulo cerrado contra el viento.

El Galilee

El Matthew Turner es un velero de 132 pies de eslora, el cual se diseñó tomando como modelo al Galilee, un barco construido a finales del siglo 1800 por el maestro constructor y diseñador naval Matthew Turner.

Botado en 1891, el Galilee fue conocido como la “Reina del Pacífico” durante casi cuarenta años. Entre 1891 y 1896 navegó regularmente entre San Francisco y Papeete, en Tahití, donde se ganó la admiración de marinos y pasajeros por su elegante diseño y su extraordinaria velocidad.

En su viaje inaugural, el Galilee estableció un récord al cruzar desde l San Francisco a Tahití en solo 19 días, y el viaje de regreso en 22 días y medio. En aquella época, el mismo recorrido solía tomar unos 35 días. Ese récord nunca ha sido superado por ningún otro velero de madera.

En 1905, el Galilee fue elegido para participar en el Levantamiento Magnético Oceánico del Pacífico de la Institución Carnegie. Los científicos necesitaban un barco de madera, ya que,  un casco de metal habría alterado las mediciones del campo magnético terrestre. El Galilee realizó tres expediciones por el océano Pacífico antes de ser vendido en 1911 y transformado en una goleta pesquera de tres mástiles.

En 1933, el Galilee fue varado en Sausalito, en el lugar que hoy se conoce como Galilee Harbor. Allí pasó a formar parte de la comunidad de artistas bohemios que vivían a bordo de embarcaciones, un movimiento que surgió tras el Gran Terremoto de 1906. Su espejo de popa fue retirado y trasladado a Fort Mason, donde todavía puede verse en exhibición.

Galilee

Matthew Turner: Constructor naval (1825–1909)

Matthew Turner nació en Geneva, Ohio, en 1825. Durante la Fiebre del Oro viajó a California como buscador de oro en busca de fortuna. Sus esfuerzos dieron resultados positivos y con las ganancias obtenidas, compró una goleta llamada Toronto.

Turner, trabajador y emprendedor, puso su embarcación al servicio del próspero comercio de madera. Transportaba troncos desde la costa de Mendocino hasta San Francisco para abastecer a una ciudad que crecía a gran velocidad. Después de mejorar y ampliar su barco en varias ocasiones, fundó una exitosa empresa naviera que también transportaba mercancías entre Tahití y California.

El primer barco diseñado por Turner fue el Nautilus, en 1868, cuando consideraba que los diseños existentes eran demasiado lentos para sus expectativas. El Nautilus resultó ser tan rápido y eficiente, que en la década de 1870, Turner decidió dedicarse a la construcción naval y estableció un astillero cerca de Hunter’s Point. En 1882 trasladó y amplió sus operaciones a Benicia, donde supervisó la construcción de embarcaciones prácticas, rápidas y eficientes que transformaron los estándares de la industria.

Matthew Turner diseñó y construyó más veleros que cualquier otro constructor naval estadounidense. En un período de 33 años construyó un total de 228 embarcaciones, de las cuales 154 fueron construidas en su astillero de Benicia.

Transporte marítimo y comercio: Los bergantines del siglo XIX

El bergantín-goleta fue un tipo de velero desarrollado en el siglo XVII como una evolución más rápida y eficiente del galeón y la carabela. Estas embarcaciones, utilizadas por los exploradores europeos durante la Era de los Descubrimientos, contribuyeron a explorar y elaborar los primeros mapas de la costa de California.

Durante el siglo XIX, era habitual que los barcos navegaran desde la costa este de los Estados Unidos hasta California rodeando el Cabo de Hornos. Transportaban una amplia variedad de productos manufacturados y artículos para el hogar destinados al intercambio o la venta. Una vez en California, llenaban sus bodegas con cueros de res, sebo y pieles de nutria marina para llevarlos de regreso a la costa del este.

En aquella época, antes de la construcción del ferrocarril transcontinental y de las modernas redes de carreteras, los barcos eran el principal medio de transporte para viajar y para mover mercancías a través de los océanos. La navegación a vela siguió dominando el comercio marítimo hasta que, a comienzos del siglo XX, los barcos de vapor comenzaron a reemplazarla.

Historia indígena de California

Reconocemos que los pueblos indígenas de Norteamérica han habitado estas tierras durante más de 10.000 años. En el área de la bahía de San Francisco, los Coast Miwok vivían al norte del estrecho Golden Gate, en lo que hoy son los condados de Marin y Sonoma, mientras que los pueblos Ohlone (Costanoan) habitaban la península de San Francisco y las regiones al sur, en dirección a Monterrey. Mantenían una estrecha relación con el mundo natural y gestionaban la tierra de manera sostenible mediante la caza, la recolección y prácticas ecológicas tradicionales, mucho antes de la llegada de los colonizadores europeos.

España comenzó la colonización de México en el siglo XVI, pero la bahía de San Francisco no fue descubierta por los europeos hasta la expedición de Portolá en 1769. En 1791, los españoles establecieron la Misión San Francisco de Asís, también conocida como Misión Dolores, que constituye la estructura más antigua que permanece intacta en la ciudad, además del puesto militar del Presidio.

El sistema de misiones español buscó convertir a los pueblos indígenas de California al cristianismo y los sometió a una amplia opresión de sus tradiciones culturales, trabajo forzado, separación de familias, condiciones de vida precarias y una alimentación insuficiente. Para el siglo XIX, más del 60 % de la población indígena había muerto a causa de epidemias de enfermedades introducidas por los europeos, entre ellas la viruela, la sífilis y la difteria, frente a las cuales no tenían exposición previa ni inmunidad natural. El ganado introducido por los europeos destruyó la flora nativa e introdujo especies vegetales invasoras, alterando la capacidad de los pueblos indígenas para subsistir de manera independiente mediante sus prácticas tradicionales de aprovechamiento de la tierra.

México obtuvo posteriormente su independencia de España en 1821, y el territorio de California permaneció como parte de México hasta que fue cedido como parte de un extenso territorio mediante el Tratado de Guadalupe Hidalgo, que puso fin a la guerra entre México y Estados Unidos en 1848.

California fue admitida rápidamente como el estado número 31 de la Unión el 9 de septiembre de 1850; sin embargo, la violencia contra los pueblos indígenas continuó. Entre 1846 y 1870, la población indígena de California se redujo de aproximadamente 150.000 a 30.000 personas (Madley, American Genocide).

La isla de Alcatraz ocupa un lugar importante en la historia de la bahía de San Francisco. Utilizada como lugar de reclusión desde la época de los españoles y, posteriormente, como penitenciaría y prisión. Allí fueron encarcelados numerosos indígenas estadounidenses, entre ellos un grupo de 19 Moqui Hopi en 1895 por resistirse a la escolarización forzada de sus hijos en los internados del gobierno de Estados Unidos para indígenas.

En 1969, Richard Oakes, junto con un grupo de estudiantes universitarios y activistas indígenas del área de la bahía, organizó y lideró una ocupación de la isla de Alcatraz que duró 19 meses. Unidos bajo el nombre de “Indians of All Tribes” (Indios de Todas las Tribus), llevaron a cabo este acto de resistencia con el propósito de llamar la atención del público estadounidense sobre la historia y la identidad de los pueblos indígenas, así como sobre su lucha por la autodeterminación, la soberanía tribal y la preservación de sus tradiciones. Aunque la ocupación terminó con una intervención forzosa del gobierno de Estados Unidos, marcó un punto de inflexión en el diálogo nacional sobre los derechos de los pueblos indígenas.

En la actualidad, California cuenta con 109 tribus indígenas reconocidas oficialmente por el gobierno federal de Estados Unidos.

¿Cómo fueron los barcos fundamentales para el desarrollo de San Francisco entre 1849 y 1915?

Durante la fiebre del oro de California y las décadas que le siguieron, el puerto de San Francisco se convirtió en el principal puerto de la costa oeste de Estados Unidos. Fue la puerta de entrada para personas, mercancías e ideas que transformaron un pequeño asentamiento en un próspero centro comercial e industrial. La historia de la ciudad está siempre ligada a los barcos de madera, a su frente marítimo y al extraordinario fenómeno geológico y ecológico que constituye el puerto natural protegido de la bahía de San Francisco.

1849: La fiebre del oro

En 1848, el descubrimiento de oro en Sutter’s Mill marcó el inicio de una nueva era para California. La fiebre del oro desató una auténtica ola de entusiasmo que hizo crecer rápidamente la población de San Francisco, transformando lo que hasta entonces había sido el tranquilo poblado de Yerba Buena en una próspera ciudad de 25.000 habitantes en menos de un año. Personas de todos los orígenes y procedentes de todo el mundo emigraron a San Francisco en busca de oportunidades económicas y aventuras.

La mayoría de los buscadores de oro optó por comprar un pasaje en un barco y viajar por mar hasta el puerto de San Francisco. A finales del siglo XIX, el viaje de 15.000 millas desde la costa este de Estados Unidos, rodeando el Cabo de Hornos hasta San Francisco, podía durar entre cuatro y ocho meses (Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos). Se trataba de una travesía larga y peligrosa, emprendida por miles de personas valientes y decididas, muchas de las cuales perdieron la vida durante el recorrido.

Entre abril y diciembre de 1849, un total de 549 barcos atravesaron el estrecho Golden Gate para llegar a San Francisco. En muchos casos, sus tripulantes desertaron al llegar, impulsados por el sueño de hacerse ricos encontrando oro. Para 1851, más de 800 barcos abandonados cubrían la costa de San Francisco (Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos). Muchos de ellos fueron reutilizados y transformados en almacenes, restaurantes, tabernas y comercios, mientras que otros se incendiaron o se fueron deteriorando lentamente sobre los fangales de la costa.

La línea costera de la ensenada de Yerba Buena ha cambiado profundamente en los casi 200 años transcurridos desde la fundación de la ciudad. A pesar de los devastadores incendios que marcaron sus primeros años y del catastrófico terremoto de 1906, la identidad de San Francisco sigue estando estrechamente ligada a los barcos que llevaron a buscadores de fortuna, empresarios y aventureros hasta las costas de la ensenada de Yerba Buena. Aquellas embarcaciones transportaron mucho más que personas y mercancías: llevaron consigo un espíritu de resiliencia, perseverancia y determinación que impulsó el nacimiento de la ciudad y que continúa definiendo a San Francisco hasta nuestros días.

Construcción del Matthew Turner

Al descender a las cubiertas inferiores del barco, podrá apreciar la extraordinaria artesanía y la meticulosa atención al detalle con la que fue construido. Deténgase en la bodega central, junto a la mesa de cartas, y observe la base del palo mayor. Luego mire hacia arriba para apreciar el entablado inferior de cubierta, construido con tablones de abeto Douglas.

El Matthew Turner es el primer gran velero de madera construido en el Área de la Bahía en casi cien años. Es un testimonio tanto del legado marítimo de la región como del poder de una comunidad unida para hacer realidad una visión compartida. Entre 2012 y 2020, más de 600 voluntarios dedicaron más de 100.000 horas a su construcción. Muchos de ellos continúan colaborando en el mantenimiento del barco, que sigue navegando regularmente por la bahía de San Francisco.

¿Recuerda que antes mencioné que el Galilee fue arrendado para el estudio del campo magnético terrestre realizado por la Institución Carnegie a principios del siglo XX? Ese hecho resultó ser de gran importancia. En reconocimiento del papel del barco en aquella expedición científica, la Institución Smithsonian realizó un levantamiento detallado del casco del Galilee. Esos registros se convirtieron en los únicos planos sobrevivientes de un barco diseñado por Matthew Turner, ya que todos sus demás diseños se perdieron trágicamente en un incendio.

Estos planos, relativamente básicos, del Galilee fueron enviados a Tri-Coastal Marine, un estudio de arquitectura naval del Área de la Bahía, donde fueron modificados y adaptados con mejoras modernas. El resultado fue una embarcación de la misma eslora que el Galilee, pero más estrecha y ligera, con un desplazamiento de 175 toneladas, frente a las 328 toneladas del Galilee.

La construcción del Matthew Turner en Sausalito

Un empresario local permitió que Call of the Sea instalara una gran carpa, similar a las de un circo, en un terreno cercano al paseo marítimo de Sausalito, junto a Marinship Way, un histórico astillero de la Segunda Guerra Mundial donde se construyeron 93 barcos entre 1942 y 1945. Fue allí donde un pequeño equipo de constructores navales profesionales, dirigido por el maestro carpintero de ribera Franz Baichl, coordinó a más de 600 voluntarios a lo largo de las numerosas etapas necesarias para construir un barco de madera.

El Matthew Turner está fabricado con madera de abeto Douglas laminada con resina epoxica. La madera procede de bosques gestionados de forma sustentable en la costa de Mendocino y fue donada por The Conservation Fund, una organización sin fines de lucro dedicada a promover la conservación del medio ambiente y el desarrollo económico sostenible.

Las principales etapas de la construcción del Matthew Turner fueron las siguientes:

  1. La fundición de las quillas de plomo, que proporcionan el lastre necesario para bajar el centro de gravedad y dar estabilidad al barco.
  2. La tala, el aserrado y el cepillado de los troncos donados para convertirlos en tablones y vigas.
  3. El laminado de los tablones para formar las cuadernas y los principales elementos estructurales, es decir,el esqueleto del barco.
  4. El forrado del casco, mediante la colocación de tablones horizontales perpendiculares a las cuadernas o “costillas” de la embarcación.

El casco del Matthew Turner se dejo botado en 2017. Sin embargo, no fue hasta 2020 cuando se instalaron los mástiles, las velas y el aparejo, y la embarcación recibió la certificación de la Guardia Costera de los Estados Unidos para entrar en servicio.

La vida de un marinero

Lo que observa en la bodega central del Matthew Turner es muy diferente de cómo habría sido el interior de un bergantín mercante a finales del siglo XVIII. La bodega central de un bergantín estaba diseñada para ofrecer el mayor espacio posible para la carga: mercancías destinadas a ser transportadas e intercambiadas en los distintos puertos de la travesía. El Galilee navegó como parte de la Tahiti Packet Line de Matthew Turner, una ruta marítima que transportaba pasajeros y mercancías ligeras, como correo y frutas perecederas, a través del océano Pacífico.

Durante el siglo XIX, los marineros pasaban meses enteros viviendo a bordo sin ver tierra. Solo entraban en puerto en distintos puntos de la ruta para abastecerse de agua potable y provisiones o para cargar y descargar mercancías destinadas al comercio. La jerarquía a bordo era esencial para el éxito de la travesía. El capitán era la máxima autoridad del barco, y sus decisiones no se cuestionaban. Lo asistían el primer oficial y el segundo oficial, quienes supervisaban las operaciones diarias y a la tripulación.

La rutina diaria de un marinero se organizaba en turnos de guardia. La tripulación se dividía en grupos que se alternaban entre las tareas de navegación y el mantenimiento del barco, mientras los demás descansaban. Sin embargo, cuando el tiempo empeoraba o la embarcación se aproximaba a un puerto, toda la tripulación era llamada a cubierta para izar, arriar o modificar de manera importante el aparejo y la disposición de las velas.

Para mantener viva la tradición, la tripulación del Matthew Turner continúa durmiendo en el castillo de proa, el compartimento situado en la parte delantera del barco, por el que usted pasó al bajar las escaleras desde la cocina de a bordo. Sin embargo, las condiciones de vida actuales son muy diferentes de las que conocieron los marineros de los siglos XVIII y XIX. Mientras que sus antecesores se alimentaban principalmente de galleta marinera y carne de res salada, nuestra tripulación disfruta de una alimentación variada y nutritiva, además de contar con un capitán y un primer oficial comprometidos con el bienestar de todos a bordo.

La Navegación en la Era de la Vela

Antes de la llegada de la tecnología moderna, los marineros se guiaban por el Sol, la Luna y las estrellas para encontrar su rumbo. Para determinar su posición y orientación, utilizaban instrumentos de navegación especializados, además de conocimientos de matemáticas y de ingeniería. También recurrían a cartas náuticas para mejorar la precisión y la fiabilidad de sus cálculos.

Uno de los primeros instrumentos de navegación fue la ballestilla, utilizada para medir la altura del Sol sobre el horizonte. Una vez determinado el ángulo del astro con respecto al horizonte, el navegante podía consultar cartas y tablas para calcular su latitud. Sin embargo, este instrumento tenía un importante inconveniente: para realizar la medición era necesario mirar directamente al Sol. Con el tiempo, esta práctica podía causar graves daños en la vista, lo que quizá explique por qué tantos piratas eran representados con un parche en el ojo.

Inventadas en China durante el siglo XII, las primeras brújulas magnéticas consistían en un fragmento de magnetita —un mineral magnético de origen natural— colocado sobre un pequeño trozo de madera o de corcho que flotaba en un recipiente con agua. El mineral se alineaba con el campo magnético terrestre, y los primeros navegantes observaron que apuntaba aproximadamente hacia la Estrella Polar. Este diseño rudimentario evolucionó rápidamente hasta convertirse en la brújula magnética que conocemos hoy, en la que una aguja montada sobre un pivote gira libremente para señalar el norte y el sur. Con una brújula, los navegantes determinan su marcación o rumbo, es decir, la dirección con respecto a un punto de referencia, normalmente el norte magnético, representado por 360° o 0°.

Para calcular la velocidad del barco, los marineros utilizaban primero la corredera de barquilla y, más adelante, la corredera de patente o taffrail log. La corredera de barquilla consistía en una pequeña pieza de madera unida a una cuerda con nudos espaciados de manera uniforme. La pieza de madera se arrojaba al agua desde la popa del barco y, mientras la cuerda se desenrollaba, se contaban los nudos que pasaban durante un intervalo de tiempo determinado. De este método proviene el término nudo, que sigue utilizándose hoy como unidad de velocidad y equivale a una milla náutica por hora. El taffrail log era una versión más avanzada de este instrumento y funcionaba de forma similar al odómetro de un automóvil, registrando la distancia recorrida por la embarcación.

Conceptos básicos de navegación

Cuando navegaban cerca de la costa o permanecían fondeados en una ensenada, los marineros determinaban su posición utilizando puntos de referencia visibles en tierra. Con la brújula tomaban varias marcaciones hacia objetos conocidos y, mediante la triangulación, calculaban su ubicación. El punto donde se cruzan esas marcaciones se denomina posición fijada o fix.

El rumbo de proa (heading) es la dirección hacia la que apunta la embarcación en un momento determinado. El rumbo de navegación (course) es la trayectoria que el barco pretende seguir.

Diseñadas específicamente para la navegación marítima, las cartas náuticas proporcionan información detallada sobre la línea de costa, la profundidad del agua, los peligros para la navegación y otras características esenciales para una travesía segura.

Cuando un barco se encontraba en alta mar, fuera de la vista de la costa, los navegantes recurrían también a un método llamado navegación por estima (dead reckoning) para calcular su posición aproximada. Conociendo el rumbo marcado por la brújula, la velocidad del barco y el tiempo navegado en cada rumbo y a cada velocidad, el navegante podía estimar su ubicación sobre la carta náutica. La precisión de este método dependía tanto de la calidad de las cartas como de la experiencia y habilidad del navegante.

Conclusión

Es posible que la gran era de los veleros de altura llegara a su fin a finales del siglo XIX como consecuencia de una serie de importantes avances tecnológicos y en el transporte. A comienzos del siglo XX, la aparición de los barcos impulsados por vapor, como el Titanic, inició el reemplazo gradual de la navegación a vela. En 1869 se completó el Primer Ferrocarril Transcontinental, que conectó California por tierra con Nueva York y el resto del país. Más tarde, en 1914, la inauguración del Canal de Panamá abrió una nueva ruta entre los océanos Atlántico y Pacífico, reduciendo en miles de millas la distancia de viaje desde la costa este y eliminando la necesidad de navegar por el tristemente célebre y peligroso Cabo de Hornos, en el extremo sur de Sudamérica.

Los océanos continuaron siendo las grandes rutas del comercio y del transporte marítimo, pero los grandes veleros dejaron de reinar sobre los mares, y quizá nunca volverían a hacerlo. Sin embargo, nuestro compromiso con el conocimiento de la compleja historia de nuestra ciudad, con la preservación del patrimonio marítimo de California y con el aprecio por los grandes veleros sigue tan vigente como siempre.

El Matthew Turner navega regularmente por la bahía de San Francisco y sus alrededores. Cada año, alrededor de 6.000 jóvenes participan en nuestros programas educativos, y más del 50 % provienen de comunidades con recursos limitados y pueden participar gracias a becas que hacen posible su acceso.